Cómo reparar una pared de piedra

Todas las superficies de mampostería pueden agrietarse, desmenuzarse o desprenderse, y el caso de las paredes de piedra no es la excepción, más teniendo en cuenta que, por estar en el exterior, se encuentran sometidas a los efectos del agua, el hielo, el viento y el sol, entre otros factores físicos.

A pesar de la resistencia del material con que están hechos, esta clase de muros puede presentar distintos signos de desgaste, como la aparición de grietas o la rotura directa de alguna de las piedras que los componen, o la pérdida del mortero que las mantiene unidas al conjunto.

Cómo reparar una pared de piedra

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El mejor mantenimiento de una pared de piedra es el preventivo, y una de las mejores soluciones para evitar reparaciones a gran escala es establecer y seguir un programa de mantenimiento. El mantenimiento adecuado realizado regularmente añade años la obra.

Es conveniente inspeccionar la superficie del muro cada tres meses aproximadamente para verificar si hay daños, manchas, mortero suelto y malas hierbas que crecen donde no deberían estar. La inspección puede tomar sólo cinco minutos o menos, pero ahorrará tiempo y dinero si se tienen que reparar los problemas cuando sus efectos ya están avanzados.

Las paredes de piedra están menos sujetas a la erosión debido a su soporte, pero sus juntas y la superficie de las piedras mismas pueden agrietarse y filtrar agua, luego ésta se congela y termina partiendo el bloque. Una pared dañada que no recibe la atención oportuna representa un peligro para la seguridad.

Una alternativa para reemplazar la pieza dañada es conseguir piedra sintética hecha de epoxi o materiales a base de cemento. Esta imitación de roce es menos costosa y los parches pueden verse bien al principio. Sin embarto, éstos se volverán visibles con una mayor exposición a los elementos y en última instancia terminará afectando el aspecto general del muro.

Los materiales necesarios para reparar una pared de piedra incluyen un pequeño mazo, cuñas de madera, una palanca o barreta, un apisonador, tiza para marcar, cincel, una botella con pulverizador, un cepillo de cerdas duras, y una sierra circular equipada con hoja para obras de mampostería.

Si el trabajo sólo consiste en reubicar en su lugar original a una piedra que se ha desplazado (algo que suele suceder en las paredes de piedra con juntas sin cementar), se ubican las cuñas entre las piedras estables arriba y abajo del espacio a cubrir. Esto servirá para reintroducir la pieza lo más cerca de su posición original. Si se necesita hacer más espacio, solo hay que introducir las cuñas un poco más.

Una vez encajada la piedra, se procede a darle algunos golpes de mazo en la cara externa de la misma para que avance hasta su posición original. Para evitar que el impacto de la herramienta dañe la roca, se puede cubrir el área del golpe con un pedazo de madera cubierto con un pedazo de alfombra vieja.

A continuación, sólo deben retirarse las cuñas para permitir que el peso vuelva a reposar sobre la piedra reubicada, asegurándola en su lugar.

Reparar juntas de mortero en paredes de piedra

En otras ocasiones, los daños en una pared de piedra se hacen evidentes en las juntas de mortero. En ese caso se debe picar la argamasa con cincel fino y martillo, limpiando la junta hasta que se alcance el mortero sólido.

A continuación se hace una nueva mezcla de mortero hasta obtener la consistencia adecuada para su uso y se procede a rellenar la junta dañada, que ha sido previamente rociada con agua.

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Se debe emparejar cada junta reparada de la pared de piedra utilizando una llana de punta (foto), agregando el mortero que sea necesario para una buena terminación. Finalmente se elimina el exceso de mezcla con un cepillo rígido.





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